El ciclo de vida del cabello es un proceso complejo y fascinante, compuesto por tres fases principales: anágena, catágena y telógena. Estas fases se suceden para asegurar el crecimiento, la renovación y la caída del cabello. De ellas, la fase telógena desempeña un papel importante en la renovación del cabello.
La fase telógena es la fase de reposo del ciclo capilar. Durante este periodo, el folículo piloso cesa toda actividad de producción y el cabello permanece anclado en el cuero cabelludo sin seguir creciendo. Esta fase de reposo suele durar entre 2 y 4 meses, tras los cuales el pelo se cae para dar paso a un nuevo ciclo.
El cabello en fase telógena representa entre el 10 y el 15% de todo el cabello en un momento dado. Suele ser el pelo que se encuentra en el cepillo o en la ducha, ya que está destinado a caerse de forma natural. Puede parecer más fino o falto de vitalidad, pero forma parte del proceso normal de renovación.
Factores que influyen en la fase telógena
La fase telógena, la etapa final del ciclo capilar, es un periodo de descanso para el folículo piloso. Durante esta fase, el pelo deja de crecer y se prepara para ser reemplazado. Sin embargo, la duración y la intensidad de esta fase pueden verse modificadas por diversos factores internos y externos, lo que afecta a la densidad capilar.
Estrés: uno de los principales desencadenantes
El estrés crónico o acontecimientos puntuales intensos, como una pérdida, un choque emocional o un cambio vital importante, pueden provocar efluvio telógeno. Este fenómeno se caracteriza por un aumento anormal del número de cabellos que entran prematuramente en la fase telógena. Como consecuencia, suele producirse una caída del cabello generalizada y notable dos o tres meses después del episodio estresante.
Este mecanismo, aunque alarmante, suele ser reversible una vez que se controlan los factores de estrés. Adoptar técnicas de relajación o prácticas como el yoga y la meditación puede ayudar a mitigar estos efectos.
Cambios hormonales: un desequilibrio frecuente
Las fluctuaciones hormonales influyen directamente en el ciclo capilar, sobre todo en la fase telógena. Durante el embarazo, los niveles elevados de estrógenos prolongan la fase anágena, la fase de crecimiento, dando lugar a un cabello que suele ser más denso. Sin embargo, tras el parto, la brusca caída de estrógenos provoca una pérdida masiva del cabello acumulado en la fase telógena, fenómeno conocido comoalopecia posparto.
Del mismo modo, la menopausia, con su desequilibrio de estrógenos y progesterona, puede provocar un cambio en el ciclo capilar, lo que lleva a un alargamiento de la fase telógena y al adelgazamiento del cabello. Los trastornos tiroideos, como el hipotiroidismo o el hipertiroidismo, también pueden alterar la sincronización del ciclo capilar, provocando un aumento de la caída del cabello.
Salud general: una base que no hay que descuidar
La salud general tiene un impacto significativo en la fase telógena. Las carencias de nutrientes esenciales como el hierro, el zinc y las vitaminas D y B pueden debilitar los folículos pilosos y provocar la caída prematura del cabello. Las dietas estrictas o desequilibradas son especialmente arriesgadas, ya que privan al cuero cabelludo de los elementos que necesita para funcionar correctamente.
Además, ciertas patologías, como infecciones graves, enfermedades autoinmunes o incluso tratamientos médicos como la quimioterapia, afectan directamente al ciclo capilar. En estos casos, el restablecimiento del equilibrio nutricional y un tratamiento adecuado pueden restablecer a menudo el crecimiento normal del cabello.
¿Por qué es importante la fase telógena?
Aunque se asocia a la caída del cabello, la fase telógena es una etapa esencial del ciclo capilar. Este descanso temporal permite al folículo piloso regenerarse y prepararse para una nueva fase anágena, en la que se produce un cabello más sano y fuerte.
Este proceso de alternancia entre reposo y crecimiento es esencial para mantener un cabello equilibrado y duradero. Si se produce un desequilibrio, la acumulación de cabello en la fase telógena puede provocar una pérdida visible de densidad, lo que subraya la importancia de apoyar esta fase con un enfoque holístico.

¿Cómo se controla la caída del cabello relacionada con el telógeno?
Cuando la caída del cabello telógena se vuelve excesiva, es vital identificar y tratar la causa subyacente. El primer paso suele ser consultar a un profesional de la salud, que puede evaluar los posibles desequilibrios hormonales, nutricionales o emocionales responsables del fenómeno.
Una dieta rica en proteínas, ácidos grasos esenciales y vitaminas puede ayudar a reducir la caída del cabello y estimular su regeneración. Los tratamientos del cuero cabelludo, como los masajes regulares con aceites fortificantes (argán, ricino o romero), ayudan a aportar nutrientes a los folículos. Además, los suplementos dietéticos formulados para fortalecer el cabello, que contienen ingredientes activos como la biotina, el zinc o la cola de caballo, pueden acelerar la renovación capilar.
Por último, es esencial adoptar una rutina capilar suave, evitando los productos agresivos y las manipulaciones repetidas, que fragilizan aún más el cabello. Con los cuidados adecuados y una atención constante, es posible limitar el impacto de la caída del cabello ligada a la fase telógena, al tiempo que se favorece un cabello sano y resistente.
La fase telógena es una etapa natural y necesaria del ciclo capilar. Comprender su función y sus mecanismos nos ayuda a aceptar mejor las fluctuaciones normales de la densidad capilar mientras cuidamos nuestro cabello.
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