Conozca mejor su cabello

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Tener un pelo bonito significa ante todo comprender su naturaleza y sus necesidades. Liso, ondulado, rizado o encrespado, cada tipo de cabello tiene sus propias características y requiere una atención específica. Entre su estructura, su ciclo de crecimiento y los factores que influyen en su salud, hay muchas formas de cuidarlos a diario. Te lo explicamos todo.

Estructura del cabello: ¿de qué está hecho?

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El cabello es mucho más que las hebras queratinizadas que crecen en nuestro cuero cabelludo. Se compone de dos partes principales: el folículo, enterrado bajo la piel, y el tallo piloso, visible en el exterior. El tallo piloso se compone de tres capas esenciales:

  • La cutícula, una capa exterior protectora de escamas entrelazadas, actúa como barrera contra las agresiones externas.
  • El córtex, la capa intermedia, garantiza la resistencia y elasticidad del cabello gracias a su alto contenido en queratina y melanina (pigmentos del cabello).
  • La médula, presente sólo en los pelos más gruesos, forma la parte central y desempeña un papel menos definido.

¿Cuál es el ciclo de vida del cabello?

Cada pelo sigue un ciclo de crecimiento en varias etapas:

  • Anágena: fase de crecimiento activo, que dura de 2 a 7 años. Alrededor del 80-90% de nuestro cabello se encuentra en esta fase.
  • Catágena: fase de transición, en la que el crecimiento se ralentiza durante unas semanas antes de detenerse por completo.
  • Telógeno: fase de reposo, que dura varios meses y precede a la caída del cabello.
  • Exógeno (a veces se distingue del telógeno): momento en el que el cabello se cae, dando paso a un nuevo ciclo de crecimiento.

La fase anágena: un periodo de crecimiento activo

Se trata de la fase más larga del ciclo capilar, con una duración de entre 2 y 7 años, dependiendo de la persona. Durante este periodo, las células del folículo piloso se multiplican activamente, lo que provoca el alargamiento gradual del cabello. Por término medio, un pelo crece aproximadamente 1 cm al mes, aunque esta velocidad puede variar en función de la edad, las hormonas, la genética y la circulación sanguínea en el cuero cabelludo. Cuanto más larga es la fase anágena, más largo puede crecer el pelo. Por eso algunas personas tienen el pelo muy largo de forma natural, mientras que otras alcanzan la "longitud máxima" más rápidamente.

La fase catágena: un periodo de transición 

Tras la fase anágena, el folículo entra en un periodo de transición que dura de 2 a 3 semanas. Durante esta fase catágena, la actividad celular disminuye considerablemente y se detiene la producción de queratina. A continuación, el folículo comienza a retraerse y a desprenderse gradualmente de la papila dérmica, una estructura situada en la base del folículo que proporciona los nutrientes necesarios para el crecimiento del cabello. Menos del 1 al 2% del cabello del cuero cabelludo se encuentra en esta fase en un momento dado.

La fase telógena: período de reposo

Durante este periodo, que puede durar de 2 a 4 meses, el folículo piloso permanece en reposo y el pelo, aunque inactivo, sigue unido al cuero cabelludo. Sin embargo, ya no se nutre de la papila dérmica y se prepara para caer y dar paso a un nuevo ciclo. Alrededor del 10-20% del cabello del cuero cabelludo se encuentra en esta fase en un momento dado.

La fase exógena: cuando se cae el pelo

Considerada durante mucho tiempo parte de la fase telógena, la exógena ha sido identificada ahora como una fase distinta por ciertos investigadores. Es el momento en el que el pelo se desprende definitivamente y cae, lo que permite al folículo iniciar de nuevo un ciclo anágeno con el crecimiento de un nuevo pelo. De forma natural, perdemos entre 50 y 100 cabellos al día, lo que constituye una parte perfectamente normal del ciclo capilar. Sin embargo, una caída más abundante puede ser señal de un desequilibrio o de un problema capilar que requiera una atención especial.

La velocidad y duración de este ciclo varían de un individuo a otro y en ellas influyen factores como la genética, la dieta y el estado general de salud.

¿Cuáles son los distintos tipos de cabello y cómo se clasifican?

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La textura del pelo varía de una persona a otra en función de la forma del folículo piloso. Cuanto más redondo sea el folículo, más suave será el pelo; por el contrario, un folículo ovalado o elíptico dará lugar a un pelo más rizado o encrespado. Esta característica influye no sólo en el aspecto del cabello, sino también en su comportamiento ante los tratamientos y las agresiones externas.

Las cuatro categorías principales de cabello

El pelo se clasifica generalmente en cuatro tipos principales, subdivididos a su vez en subcategorías (A, B, C) según el grado de curvatura y grosor del pelo.

Tipo 1: Cabello liso

El cabello de tipo 1 es perfectamente liso y no tiene ondas naturales. Su estructura permite que el sebo producido por el cuero cabelludo se distribuya fácilmente a lo largo de la fibra capilar, por lo que suele ser brillante y menos propenso a la sequedad.

  • Tipo 1A: Muy finas, tienden a carecer de volumen y pueden engrasarse rápidamente.
  • Tipo 1B: Más gruesas con una ligera fijación, tienen un poco más de volumen y textura.
  • Tipo 1C: Más densas y resistentes, a veces tienen una ligera tendencia a curvarse en las puntas.

🡪 Los tratamientos adecuados: opta por champús ligeros para no apelmazar el pelo y tratamientos voluminizadores para dar cuerpo al cabello fino.

Tipo 2: Cabello ondulado

El pelo ondulado forma ondas naturales de distintos grados, creando una textura intermedia entre el pelo liso y el rizado. Tiende a rizarse ligeramente en climas húmedos y puede ser propenso al encrespamiento.

  • Tipo 2A: Ondas ligeras, en forma de S, fáciles de alisar y peinar.
  • Tipo 2B: Ondas más definidas, con tendencia al encrespamiento.
  • Tipo 2C: Ondas bien definidas, cercanas a los rizos, a menudo gruesas y voluminosas.

🡪 Cuidados adecuados: hidratar sin apelmazar con cremas o mousses de peinado ligeras, y evitar los productos demasiado ricos que podrían romper la forma natural de las ondas.

Tipo 3: Cabello rizado

El cabello de tipo 3 forma rizos bien definidos y con volumen. Esta estructura impide que el sebo circule eficazmente a lo largo de la fibra capilar, por lo que es más seco que el cabello liso u ondulado. También es más sensible a las agresiones externas y tiene una fuerte tendencia al encrespamiento.

  • Tipo 3A: Rizos anchos y flexibles, a menudo brillantes y bien definidos.
  • Tipo 3B: Rizos más apretados, con más volumen y una textura más densa.
  • Tipo 3C: Rizos en sacacorchos muy apretados, a menudo gruesos y más propensos a la sequedad.

🡪 Productos de cuidado adecuados: opta por productos ricos en agentes hidratantes y nutritivos (aceites vegetales, mantecas naturales) y evita los sulfatos, que pueden resecar la fibra capilar.

Tipo 4: Cabello rizado o encrespado

El cabello de tipo 4 se caracteriza por rizos en espiral muy apretados, o incluso un efecto "zigzag". Es naturalmente el más seco y frágil, ya que su estructura impide que el sebo llegue a las puntas. Su densidad puede dar la impresión de un gran volumen, pero en realidad son muy finos y quebradizos.

  • Tipo 4A: Rizos muy apretados pero bien definidos, a menudo gruesos y elásticos.
  • Tipo 4B: Estructura en forma de Z, menos definida, con fuerte tendencia a la contracción.
  • Tipo 4C: Rizos muy apretados e indefinidos, a menudo los más frágiles y que requieren una hidratación máxima.

🡪 Cuidados adecuados: opta por productos de cuidado ultranutritivos (manteca de karité, aceite de coco, aloe vera), evita los peinados demasiado tirantes y espacia los lavados para preservar la hidratación natural.

¿Cuáles son los principios de una rutina capilar para mantener el cabello sano?

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Cada tipo de cabello tiene necesidades específicas de hidratación, nutrición y peinado. Una rutina adaptada se basa en tres principios clave:

Hidratar y nutrir según las necesidades del cabello

Cuanto más rizada es la fibra capilar, más hidratación necesita para evitar la rotura.

  • Cabello liso a ligeramente ondulado (Tipo 1 y 2A): este tipo de cabello retiene bien la humedad gracias a su cutícula lisa. Demasiada hidratación puede apelmazarlo y dejarlo plano. Un champú suave y un acondicionador ligero es todo lo que necesitas para cuidar tu cabello.
  • Cabello ondulado a rizado (Tipo 2B a 3A): este tipo de cabello empieza a mostrar signos de sequedad, especialmente en las puntas. Un tratamiento hidratante semanal (mascarilla o crema sin aclarado) mantendrá tu cabello flexible.
  • Cabellos rizados a encrespados (Tipos 3B a 4C): su estructura impide la distribución uniforme del sebo, lo que hace que los largos sean más secos. Requieren un cuidado más intenso: mascarillas nutritivas, aceites vegetales y técnicas como el método LOC (Líquido, Aceite, Crema) para sellar la hidratación.

Elegir los productos adecuados

Los productos de cuidado demasiado ricos apelmazan el cabello fino, mientras que los productos demasiado ligeros no son suficientes para el cabello muy seco.

  • Champú: debe elegirse en función de la naturaleza del cuero cabelludo. Un cuero cabelludo graso necesita un champú purificante, mientras que un cuero cabelludo seco se beneficiará de una fórmula más suave, sin sulfatos agresivos.
  • Acondicionadores y mascarillas: esenciales para desenredar y nutrir el cabello. Cuanto más seco esté el cabello, más necesita un tratamiento rico en agentes hidratantes (aloe vera, glicerina) y nutritivos (aceites y mantecas vegetales).
  • Productos de peinado: deben adaptarse a tu tipo de cabello. Para el pelo fino y ondulado es mejor una espuma ligera, mientras que para el pelo encrespado lo mejor es una manteca capilar.

Proteger la fibra capilar

Limite el uso del calor, espacie los lavados y utilice peinados protectores para evitar la rotura y la deshidratación.

  • Limita el uso del calor: los secadores, las planchas y los rizadores dañan la estructura del cabello al destruir su humedad interna. Recomendamos utilizar un protector térmico antes de cualquier fuente de calor y secar al aire siempre que sea posible.
  • Lávate el pelo con menos frecuencia: lavarlo con demasiada frecuencia elimina los aceites naturales del cuero cabelludo, que desempeñan una función protectora. Para el cabello seco o rizado, basta con lavarlo una o dos veces por semana, mientras que el cabello graso puede necesitar lavados más frecuentes (cada dos días como máximo).
  • Privilegiar los peinados protectores: sobre todo para los cabellos rizados, encrespados y crespos, que son más frágiles. Las trenzas, las vainillas o los moños suaves reducen la fricción y la rotura. Por la noche, utilizar un gorro de satén o una funda de almohada de seda ayuda a retener la humedad y evitar el encrespamiento.

 

Sophie
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